
Llevamos almas de Romeo y Julieta sobreviviendo en tiempos modernos, custodios de un beso envenenado a base de rencillas antiguas.
Rencores pasados que no entienden de corazones nuevos.
El 21 no es número de amores prohibidos y sin embargo nuestras familias nos cargan con el peso de resquemores ajenos que nada tienen que ver ni contigo ni conmigo.
Este siglo no ha progresado para imitar representaciones dramáticas del 18 y, sin embargo, sigue encarcelando ansias y sujetando corazones.
Los Romeos y Julietas del ahora no envenenan el amor, aprendieron de errores heredados y ahora le plantan cara a la adversidad del mundo.
No importa quién se oponga, la oportunidad del beso prohibido grita más fuerte que el permiso no concedido.
Romeo y Julieta se pertenecen y es algo que los siglos tendrán que aprender.






